Silencio de ciudad


.
Lejos los dos,
extremos opuestos de un mundo
que separa, cada vez más
a sus insomnes.

Los derrite en el silencio
y los lleva en su marea
donde el filo del viento
a cada golpe,
duele.

Si pudiera retenerte, dijo él
Si pudiera conservarte
más acá
de mis pupilas.

Si supiera hasta donde, dijo ella
si supiera hasta que punto
puedo ser mía
sin ser tuya.

Ocasionalmente ocurre,
que los rumbos fraguan
sus agujas
precozmente.

y algunos amores son
simplemente,

como el silencio en la ciudad

Narcicista


.
Apoyo la nariz en el viento
y el resplandor me llena las pupilas.
Será la muerte?
Desnuda?
Expectante?
Será tu cuerpo?
Tu legado?
Tu infierno?

Me he dado cuenta solo,
que a veces abandono mis huesos,
mi porte,
mis sombras,
y me monto a una balsa
de morondanga,
para internarme en el mundo,
en el centro,
en el núcleo,
y tenderme gallardo
boca arriba,
a observar el globo,
y el infinito
girando en armonía,
musicalmente alrededor,
de mi ombligo.

Delirio nocturno


.
No era mía esa noche pero algo mío tenia,
digamos un toque o un minuciosa pincelada.

Tal vez esos ojos de luna mostraban en su brillo
una pizca de tristeza, digamos, una migaja.

Esa noche era un trasfondo, una puerta invisible,
el zaguán de otro mundo, mas o menos una sombra.

Mientras una esperanza letárgica, la de tenerte,
agonizaba en la triste penumbra.

Yo despertaba de un martillazo en las sienes,
soñando el sueño de otros.