En mi ventana


.
Llueve, es decir, noticias y augurios
caen copiosamente del cielo
ante coloridos paraguas
y soledades.

El agua corre descalza calle abajo
enrostrando sus tristezas y melancolías
contra mi ventana
que tan solo observa.

La ciudad respira apacible
y se tiende gallarda
a escuchar sus relojes
que suenan a gotas.

Llueve a chorros, a baldazos,
Llueve a cantaros, a mansalva,
Llueve a mares y ríos,
Furiosamente llueve.

En mi ventana.

Nunca sabré.


.
Nunca voy a saber
que recuerdo querían despertar esos atardeceres en que la oscuridad se desmoronaba pesadamente sobre el sol.
O cuando la mañana despertaba tibia en el verano, y una luz pálida se arrimaba a abrirme los ojos.
O que intentaba expresarme el espejo, cuando la cáscara que era mi reflejo, me parodiaba y sonreía tímidamente.

Nunca sabré
Que quería decirme la ciudad, cuando el silencio la cubría con su manto, y mi corazón de un sobresalto, intentaba marcarle un ritmo.
O cuando el reloj meditabundo en mi pared, derramaba minutos por doquier en sus diálogos con la nostalgia.
O cuando el amor era un continente, en algún lugar de un mundo, perteneciente a otra galaxia.

Nunca voy a saber que querían evocar antes de traerte a mis brazos. Nunca sabré siquiera, si antes de vos, el mundo me hablaba a mi.

Puente


.
Tantas veces le hablé de vos a la noche
de tus miles de nombres
flotando en el viento
de tus rostros inciertos
como el destino mismo
de mi nostalgia de tenerte
sin haberte tenido.
Tantas veces te encontré en mi soledad
hurgando entre mis restos
buscando asilo
que mis manos
construyeron
Un lenguaje,
como un puente,
como un nexo,
un camino.
Hacia vos.    

Tarde


.
Es tarde para saber
en que cajón perdí mi voz y las palabras
cuando la mordaza nos callaba hasta el olvido.

Es tarde para pensar
donde habrán migrado mis fantasmas
cuando el destino separó el camino

Es tarde para entender
los azares que relegan mi vida al viento
mas el próximo movimiento, es infinitamente mío.

Es tarde para desentrañar
los amores que ha soplado el tiempo
Sin embargo, puedo amarte y voy a hacerlo.

Sin más excusa que eso,
Puedo amarte y voy a hacerlo.

16 de Septiembre

.
Septiembre asoma sus narices en la calle,
y las últimas hojas se desprenden de su árbol
flamean en el viento como plumas
desfilando lentamente, se despiden.

El almanaque deja caer sus hojas
emulando el espectáculo allí afuera
y los recuerdos como estrellas van legando
un postrero e infinito destello.

Septiembre asoma su narices
prediciendo los mismos nuevos soles
que anuncian el color como estandarte
de un mundo que renace aquí, en la calle.

Ausencia


.
Un inmenso mar me ahoga entre tus olas. En la lejanía, un faro parpadea dibujando rumbos. Pero no aspiro a salvarme, quiero ser tu naufrago. Un pedacito de tu sombra.

En el desierto, la soledad apabulla mis deseos, en un espejismo bosquejo tu mirada. Aquel ardor presiona entre mis llagas. No quiero salvarme, no debería.

Vuelo, desesperadamente vuelo. A cielo abierto y cerrado. Entre las nubes deslindo tus formas, y estas fluyen suavemente. Pero de un segundo a otro, ya no estas, te pierdes. Seguiré volando.

Los minutos mueren, y yo con ellos. Resucitan formando palabras. Palabras que sueñan con tu boca, flotan con el viento, y se pierden en la nada.

Mis ausencias de vos, esperan tras la puerta. Que ya no esperen. Me voy con ellas.

Plaza Sáenz Peña


.
Enajenado de mi, me siento en tus pastitos
y apacible observo la noche que cae
La gente atraviesa tu corazón en un torrente
Ajena de tu historia, y mis historias dentro de la tuya.

Anochece, cada sombra reserva su parcela en cada árbol
y como charcos van creciendo entre sus ramas
La oscuridad cubre un silencio melancólico
Que abre su paréntesis en la nada.

Tus faros, esos inmóviles centinelas
Ofrecen luz a los amantes
Que se inmortalizan en alguno de tus bancos
Dejando su soledad allí colgada.

Un paisaje de ciudad detiene el tiempo
Y promete al transeúnte alguna tregua
Plaza Sáenz peña, de aquel niño que aún juega
Me revivo aquí en recuerdos, inventariando mis infancias.

Entre tus robustos árboles y mis endebles memorias
Ambos erigiéndose casi inmortales
La gente atraviesa tu corazón en un torrente
Ajena de tu historia, y mis historias dentro de la tuya.